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Travesía
 

Encuentro Martín García 2006  - Roberto Vilmaux - 

 

Salimos del club a las 9,30 hs. María, Dora, Alejandro y yo. El día se presentó con un cielo despejado y un regular viento del norte, lo que hacía prever que los arroyos bajarían con fuerza, como es lógico, en la dirección contraria a la que llevaríamos.

  Al mediodía, luego de navegar por el Carabelas y el Canal 5,  estábamos en las 4 bocas y nos detuvimos a almorzar en la playita del Canal 4. Luego del descanso continuamos la marcha por el canal hasta el Paraná Miní, y después, por éste, hasta el Canal Arana.

  Hacía calor para la época del año, el viento del norte continuaba firme y el agua bajaba con ganas. (Visto lo que pasó, datos para tener en cuenta para el futuro. Ya lo dice el dicho : "Norte duro, Pampero seguro"). En el Arana nunca pudimos superar los 4,5 o 5 km/h.

  Llegamos al Barca Grande y ya más aliviados por la corriente, antes de las cinco de la tarde, estábamos en el Barquita y el lugar elegido para pasar la noche, la Comisaría. Consideramos la posibilidad de continuar un poco más, pero nos pareció que ese sitio era el ideal, más teniendo en cuenta que no sabíamos que habría más cerca del Río de la Plata.

  El Oficial nos brindó todas las comodidades del lugar. Armamos las carpas sobre el pasto recién cortado y mullido, y la hora del mate sobre el muelle se extendió casi hasta la hora de preparar la cena. Allí mismo, en el muelle, comimos los fideos con salsa, mientras la luna llena se elevaba sobre las copas de los árboles.  

  Duró poco la luna porque pronto unas nubes negras la taparon. Eran cerca de las 9 de la noche cuando el oficial nos advirtió de la tormenta que se venía. Con el segundo aviso, ya estaba sobre San Fernando, dejamos la comida y trasladamos todo, colchones, bolsas de dormir, etc. al interior de la comisaría.

  Las ráfagas de viento llegaron antes de la lluvia. Mi primer pensamiento fue que "ojalá no hubiera nadie en el río a esa hora". El viento duró poco, pero continuó lloviendo casi toda la noche. Nos fuimos a dormir y a la noche nos despertó una llamada de la Prefectura que buscaba a un grupo de kayakistas que no podían encontrar.

  A la mañana siguiente amaneció nublado y frío. Partimos a eso de las 9, y a poco de andar, un islero nos advirtió que en el Río de la Plata soplaba viento fuerte. Veíamos pasar las nubes que venían del sur y decidimos preocuparnos del tema cuando llegásemos a la desembocadura del Barca Grande.

  Llegamos a la boca del Barca, y luego de una breve pausa, encaramos el primer cruce. El río estaba picado, pero no demasiado, teníamos las olas de frente, al principio, y luego de través. El viento nos derivó bastante río arriba, ya que cuando llegamos del otro lado, teníamos el juncal interponiéndose entre nosotros y el canal de la Oyarbide y tuvimos que bordearlo para llegar a la boca del canal.

  Allí la cosa se puso más complicada ya que las olas dentro del canal tenían una altura considerable. Cruzamos hacia la orilla del frente y continuamos hasta salir del otro lado.

  Cruzamos hasta la isla y antes de llegar nos escoltó un gomón de Prefectura. En ese punto, cercano a Martín García, el río estaba más movido y las olas complicaban un poco las cosas. Allí nos enteramos de lo que había pasado.

Cuando desembarcamos, eran cerca de las 13 hs,  estaban saliendo varios grupos en kayak para recorrer la isla en búsqueda de la persona desaparecida. La gente de la prefectura estaba muy nerviosa y en un momento suspendieron todas las salidas a causa del estado del río.

  En la isla estaban Andrea Busch y Mariano que habían llegado el día anterior en lancha y se sumaron al grupo. Ahora vino la dura tarea de llevar los botes desde la playa hasta el predio de la cárcel. Luego de instalarnos en el camping, nos sumamos al asado que estaban haciendo el grupo que había llegado el día anterior y nos fuimos enterando de lo sucedido.

  Por la tarde de ese día se realizó la reunión en el teatro de la isla y allí nos enteramos de que no podríamos salir el sábado como teníamos previsto. A partir de ese momento, los 120 kayakistas pasamos a "régimen Barragán". Luego del día libre del sábado, debíamos tener los botes en la playa cargados y quedarnos esa noche sólo con lo necesario, levantarnos a las 5 de la mañana para empezar a entrar al agua a las 6, tener preparada la comida a mano, porque no haríamos ninguna parada a almorzar, el achique listo, por si nuestras vejigas reventaban, etc, etc. Faltaba que nos pidieran que durmiésemos sentados en los botes con la pala en la mano.

  Entendiendo que sólo Barragán podía aglutinar a toda esa gente, luego de ver las películas que proyectaron y de la entrega de remeras y calcos, fuimos todos a la cena que se haría en el comedor Solís. Cena que se frustró para todo el grupo de Escobar, ya que no había lugar y nadie movió el cul... de su asiento para el supuesto segundo turno. Finalmente, luego de los sorteos, en los que fueron favorecidos varios del grupo, nos fuimos a comer pizza a otro lado.

  El sábado aprovechamos el día para conocer la isla. Se confirmó el pronóstico. Un fuerte viento del sur sopló durante todo el día y podíamos ver el río poblado de corderitos. Andrea, Dora, María, Alejandro, Mariano y yo, hicimos un recorrido por el interior de la isla y por la tarde Andrea y Mariano se fueron en la lancha. Desde el muelle podíamos ver las tareas de búsqueda que hacían dos guardacostas y la lancha y el gomón de la Prefectura de M. G..

  Por la noche, siguiendo las instrucciones de Barragán, desarmamos las carpas y fuimos a dormir al galpón donde habían puesto las carpas la noche de la tormenta. Parecíamos refugiados de una inundación. No pudimos dormir muy bien, ya que había mucho jolgorio. Demasiado para mi gusto, teniendo en cuenta que había muerto una persona en ocasión de ese encuentro.

  Al otro día a las cinco de la mañana estábamos levantados. A esa hora no había viento, pero un poco antes de salir comenzó a soplar del sudeste y a agitar las aguas. Trasladamos todo hasta el lugar donde estaban los botes y a eso de las 7,30 hs., con los 120 palistas en el agua, Barragán dio la orden de partida.

  Los detalles de la vuelta los contó Gabriel en su relato, sólo agregaría que el tramo del Paraná desde la Serna al Club fue muy duro. Veíamos el sol descender sobre el Paraná y hacerse de noche y no llegábamos más.

  Fue una travesía interesante. Con situaciones cambiantes, y enseñanzas que todos deberíamos asimilar. Dejaría para más adelante, cuando decante un poco el tema, hacer una reflexión sobre lo que le pasó a David Barraza.

 

Roberto Vilmaux

 

 

 
 

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